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Respuesta corta
Se supone que Francesca Albanese, «Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos», es imparcial. En lugar de ello, promueve la narrativa de la UNRWA, que refleja la agenda de Hamás de rechazar el derecho de Israel a existir y exigir un «retorno» masivo para borrarlo demográficamente.
Se ha convertido en un activo jurídico y retórico clave para Hamás y la Yihad Islámica Palestina, grupos terroristas que buscan abiertamente la destrucción de Israel y citan su trabajo para afirmar que su violencia está «protegida» por el derecho internacional.
Su parcialidad es tan extrema que UN Watch ha calificado sus informes de «gigantesca calumnia» contra Israel. Francia, Alemania y Canadá la han condenado por retórica antisemita, distorsión del Holocausto y revisionismo histórico.
Incluso el Departamento de Estado de Estados Unidos la sancionó por «antisemitismo descarado, apoyo al terrorismo y abierto desprecio a Estados Unidos, Israel y Occidente», imponiéndole congelación de activos, revocación de visados y prohibición de viajar, en un hecho sin precedentes contra un Relator Especial de la ONU en activo.
Respuesta larga
Francesca Albanese, «Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos», desempeña un papel que se supone imparcial y basado en pruebas, pero su historial demuestra lo contrario, lo que socava su legitimidad.
De 2003 a 2010, trabajó en el Departamento de Asuntos Jurídicos de la UNRWA en Jerusalén, la misma UNRWA que en repetidas ocasiones ha quedado expuesta como plagada de operativos de Hamás, entre ellos decenas directamente implicados en la masacre del 7 de octubre.
Ha legitimado abiertamente a Hamás y a otros grupos terroristas. En noviembre de 2022, participó en una conferencia oficial de Hamás -a pesar de que Hamás ha sido designada organización terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia y otros países. Dirigiéndose a terroristas de alto rango de Hamás por vídeo, les dijo: «Tenéis derecho a resistiros a esta ocupación».
Peor aún, es plenamente consciente de que los grupos terroristas utilizan habitualmente sus informes y declaraciones para justificar ataques contra israelíes y judíos. Al calificar la defensa israelí de «crímenes de guerra» y excusar la «resistencia» violenta, ha proporcionado a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina un escudo legal preparado. Citan abiertamente su trabajo para legitimar sus ataques, mientras que los medios de comunicación estatales iraníes y los medios vinculados a Hezbolá amplifican sus informes para socavar la legitimidad de Israel.
Todo ello se hace bajo el disfraz del «derecho internacional», que ella retuerce para convertirlo en un arma política unilateral, ignorando el terrorismo, omitiendo hechos críticos y aplicando términos como «genocidio» y «apartheid» de forma selectiva, todo ello mientras se niega a mencionar los crímenes de Hamás o las víctimas israelíes.
Organismos de control independientes como UN Watch han calificado sus informes de «difamación gigantesca» contra Israel, señalando que calificó a Israel de «genocida» 57 veces en un solo informe, sin mencionar ni una sola vez a Hamás o la masacre del 7 de octubre. Su parcialidad es tan extrema que Francia, Alemania y Canadá la han condenado públicamente por distorsionar la realidad, promover la retórica antisemita y trivializar el Holocausto.
En 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos la sancionó por «antisemitismo descarado, apoyo al terrorismo y abierto desprecio a Estados Unidos, Israel y Occidente», imponiéndole congelación de activos, revocación de visados y prohibición de viajar, en un hecho sin precedentes contra un Relator Especial de la ONU en activo.
Con un historial de excusar el terrorismo de Hamás y de utilizar como arma su papel en la ONU contra Israel, ¿es de extrañar que esté abusando del cargo que ocupa?
